Factores que propician la disminución de los alcances en las piezas de artillería de mar usadas en la Edad Moderna

Todo el mundo conoce que la densidad del agua provoca una gran resistencia al movimiento y tránsito de las balas o cualquier otro cuerpo que la atraviese. Algo parecido sucede al atravesarse el aire atmosférico, aunque en menor medida a causa de la menor densidad de este fluido en relación con el agua.

Artillería naval del siglo XVIII

Los grados de calor y sequedad de la atmósfera varían frecuentemente, y en consecuencia deben alterarse los alcances de los tiros según aquellas diferencias. Por esta razón, si disparamos dos balas de idénticas características y con la misma pieza, observaremos que la disparada en un ambiente muy seco, excede en distancia a la que se dispara en un ambiente cargado de vapores como son los ambientes húmedos. Con arreglo a esto se observa que los tiros en la mar son más cortos a causa de la gran humedad del agua que se encuentra en el aire. Basándonos en estas razones podemos establecer que los tiros alcanzan menos distancia cuando está lloviendo que cuando hay niebla o el tiempo está nublado; asimismo que los tiros que se hacen de noche, no son tan largos como los que se hacen de día; y de día son de más alcance cuando el sol está más elevado sobre el horizonte. Diego Ufano justificaba (según su experiencia) que los disparos que se hacen desde un buque en la mar a un punto en tierra, solían ser más largos que los que se realizaban desde tierra a un bajel.

Lantern Slide - 18th Century. Royal Navy Gun Crew. 1790.

Lantern Slide – 18th Century. Royal Navy Gun Crew. 1790.

Todas estas dificultades se amplían a medida que las piezas disminuyen su calibre, así como que la disminución de alcances, en igualdad de calibres o diámetros de las balas, aumenta en relación a la menor densidad de estas últimas. Esto quiere decir que dos balas de igual diámetro, si una es de hierro y la otra de piedra o siendo la dos de hierro y una de ellas maciza y sólida y la otra hueca, la de piedra y la hueca alcanzarán menos que la sólida de hierro, con motivo de la resistencia al aire. Por consiguiente, si dos buques con piezas de idéntico calibre emplean balas de diferente densidad con cargas de pólvora proporcionales al peso de los proyectiles, resultará en primer lugar que las balas más pesadas conservarán mayor velocidad, dando estas en el bajel que arroja balas de menor densidad. En segundo lugar las balas más pesadas  llevan una mayor velocidad en el momento del impacto, por lo que al ser de mayor masa causarán un mayor efecto.

Artillero francés dando fuego a un cañón puesto en batería.

Artillero francés dando fuego a un cañón puesto en batería.

En este sentido la disminución de los alcances ocasionada por la resistencia del aire y sus diferentes grados de humedad y sequedad no se podían enmendar, los hombres que servían en las marinas de guerra del siglo XVIII podían reducir el calentamiento de las piezas, el excesivo diámetro del fogón u otras causas que contribuían a alcanzar un menor alcance. Debemos destacar que toda pieza muy recalentada disminuye sus alcances considerablemente a medida que se repiten los disparos. Para evitar este problema se tomaban medidas como reducir un poco la carga de pólvora o refrescar frecuentemente las ánimas y el cuerpo exterior de las piezas durante los disparos empleando agua fresca mezclada con vinagre  introduciéndola en el ánima gracias a la lanada o envolviendo la pieza exterior con paños, mantas o pellejos de carnero. En caso de grandes heleadas en la mar convenía preparar los cañones para hacer fuego y evitar que reventasen y conseguir mayor alcance. El procedimiento consistía en calentarlos antes disparando con poca pólvora una o dos veces.

 

 

 

Instrucción y técnica: el oficio de los artilleros de mar

El artillero naval en palabras del Capitán Simón López (Cabo de los artilleros de la Armada Real del Océano en 1705) es “un hombre práctico y experimentado en el Arte Militar de la Artillería”, y su aparición en España data de los mismos inicios del  uso de estas piezas a bordo de los bajeles. Las primeras noticias que se tienen de la utilización de la artillería embarcada se remontan al siglo XIV, fecha en la que una nave aragonesa, localizada en el puerto de Barcelona, disparó contra una escuadra castellana mandada por el Rey Pedro “el Cruel”, en la guerra conocida como la de los dos Pedros. Posteriormente la combinación de pólvora y hierro harían acto de presencia en acciones como la que llevó a cabo el Almirante castellano Ambrosio Bocanegra y sus naves para derrotar a una escuadra inglesa, allá por junio de 1372.

Asedio a un castillo durante la guerra de los Dos Pedros. Ilustración de la Crónica Troyana. Biblioteca del Escorial

Asedio a un castillo durante la guerra de los Dos Pedros. Ilustración de la Crónica Troyana. Biblioteca del Escorial

La rudimentaria artillería de fuego que se empleó en los siglos XIV y XV estaba formada principalmente por bombardas y piezas similares,  que eran manejadas por artilleros terrestres que se embarcaban cuando lo demandaba la ocasión. Estos hombres debían adaptar sus escasos conocimientos técnicos al manejo de unas frágiles y peligrosas piezas de artillería que se ubicaban en una plataforma inestable fuertemente influenciada, en todos los sentidos, por los efectos del mar, desde el movimiento que provocaba a la embarcación hasta en la humedad que afectaba a la pólvora y el viento que podía reducir o aumentar la potencia del disparo.

Esta situación de embarcar artilleros terrestres se mantuvo hasta finales del siglo XVI, época en la que la artillería había sufrido una serie de transformaciones y los conocimientos sobre su manejo, influidos por la ciencia y la técnica, habían mejorado cualitativamente. La Casa de Contratación de Sevilla, órgano regulador del comercio con América, dio un paso al frente a la hora de equipar los bajeles que iban rumbo al Nuevo Mundo. Además de suministrarles pertrechos, artillería, pólvora y municiones, se preocupó de dotarlos con personal cualificado que mejorase las capacidades defensivas de estas embarcaciones que transportaban valiosos cargamentos.

Cañón pedrero (FIRRUFINO, J.C. (1626): Platica manual y breve compendio de artillería)

Cañón pedrero
(FIRRUFINO, J.C. (1626): Platica manual y breve compendio de artillería)

 

En el año 1575 la Casa de Contratación fundó una Escuela en Sevilla en la que los futuros aspirantes a artilleros se formarían profesionalmente durante dos meses, adquiriendo gran cantidad de conocimientos que iban desde saber cómo y con qué materiales se fabricaban las piezas artilleras, hasta qué elementos formaban la pólvora o los procedimientos para realizar un disparo atendiendo a las condiciones de la mar.

Un año después, en 1576, se creó el cargo de Artillero Mayor, quien debía hacerse responsable no sólo de la escuela, sino también de la compra y prueba de la artillería y pólvora que se adquiría para las naves de la Carrera de Indias. Era tal la importancia de este centro, que se recomendó a Felipe II que en él se formasen también los artilleros de tierra para evitar así traerlos del extranjero. Fue en el siglo XVII cuando Felipe IV ordenó que esta Escuela pasase a ser dirigida por el Capitán General de Artillería.

Vista de la ciudad de Sevilla en el siglo XVI. Obra de Alonso Sánchez Coello.

Vista de la ciudad de Sevilla en el siglo XVI. Obra de Alonso Sánchez Coello.

El advenimiento de la Casa de Borbón en el siglo XVIII supuso un impulso a la Marina de guerra española. Las reformas instauradas por Felipe V volvieron a poner de renombre el oficio de artillero naval, profesional que ahora tenía que manejar unas piezas mucho más sofisticadas que las empleadas en las centurias pasadas. El reglamento de artillería promovido en el año 1728, diez años después del que se emitió para la artillería del Ejército, estableció el uso de los mismos cañones de hierro que se empleaban en Francia, es decir:  de a 4, 6, 8, 12,18, 24 y 36 libras de peso de bala rasa.

 

Si por algo se caracterizó este siglo fue por la irrupción del navío de línea, un buque creado única y exclusivamente para el combate, ya que basaba toda su potencia de fuego en las numerosas piezas de artillería que albergaba en sus diferentes puentes y que debían ser manejadas por personal perfectamente instruido para que la coordinación en el disparo fuese lo más precisa posible. Esta maniobra de entrenamiento permitía disponer de personal continuamente instruido.

Este adiestramiento se consiguió y potenció con la formación de las Brigadas de Artillería de Marina en 1717. Esta reciente organización, sumada a las nuevas formas de enseñanza donde a la parte teórica se unía una importante parte práctica con los cañones que debían manejar, desembocó en la obtención de artilleros altamente cualificados e instruidos.

A modo de colofón, la relevancia e instrucción del artillero naval desde que sustituye a los artilleros terrestres a bordo de los buques y se afianza como elemento primordial en los combates va en aumento. Es cierto que el abordaje sigue siendo la forma básica de combatir en la mar, pero esta importancia irá recayendo cada vez más en un personal altamente especializado y cualificado que tendrá que ser capaz de manejar con eficacia las piezas de artillería que se le asignen, así como de interpretar las condiciones climatológicas y saber en qué momento efectuar el disparo para que sea lo más certero posible, atendiendo a los movimientos y actos que realice el buque enemigo. Todo ello se conseguirá con una correcta formación académica e instrucción constante que garantizará la optimización de los recursos navales españoles en las numerosas campañas marítimas en las que tendrá que intervenir.

 

– Ponencia realizada por D. Juan Jesús Oliver Laso (Cátedra de Historia Naval)  en el I Congreso Internacional de Historia Militar (Burgos, 29 de abril de 2014).

Beneficios del bronce frente al hierro en la fabricación de cañones

A la hora de fabricar piezas de artillería en la Edad Moderna se podían emplear dos tipos de materiales: el hiero o el bronce (aleación de cobre más estaño). Cada uno de ellos poseía una serie de características diferentes a la del otro.

Cañón de hierro

El bronce tiene más densidad que el hierro, lo cual le aporta un grado mayor de resistencia por lo que se podía reducir considerablemente el tamaño de la pieza. A su vez esa mayor resistencia permitía cargar mayor cantidad de pólvora que en los cañones de hierro.

Cañón

Las piezas de bronce después de muchos usos avisaban de su mal estado al empezar a agrietarse (entre otros signos). En las piezas de hierro los signos no aparecían con tanta claridad, por lo que reventaban de manera fortuita con el consiguiente riesgo para los hombres que la servían.

Cañón de bronce recuperado en aguas andaluzas

Al final el hierro desplazó al bronce, principalmente por la diferencia económica en los costes de fabricación. El hierro era más barato, por lo que dotar a un navío resultaba más económico con este material que con el bronce, que pasó a ser un recuerdo en las embarcaciones, ya que sólo se fabricaban en bronce (como mucho) los cañones “de caza”.Cañón de bronce

Fuente: García- Torralba Pérez, E. La Artillería Naval Española en el siglo XVIII. Ministerio de Defensa. 2010.