Los pedreros de Marina

Cañón pedrero.

El pedrero de Marina es un pequeño cañón de bronce cuyo destino son las cofas o costados de los bajeles. Los que se han venido usando en la Gran Armada han sido los de recámara postiza, es decir, que la carga se realizaba por la culata mediante el empleo de un másculo, el cual se asegura con una cuña de hierro o madera a golpe de martillo al resto de la pieza.

Pedrero de 3 libras con pinzote de apoyo, horquilla y másculo independiente.

Pedrero de 3 libras con pinzote de apoyo, horquilla y másculo independiente.

Cada uno de estos pedreros tiene para su uso dos recámaras, lo cual permite disparar con una mientras se carga la otra, y así la capacidad de fuego se puede mantener con mayor  asiduidad que usando un solo másculo. Su servicio no es sobre cureña, sino sobre una horqueta u horquilla de hierro, que asegura el pedrero por los muñones, y de ella nace un perno que se conoce con el nombre de pinzote, el cual encaja en las groeras que tienen las cofas y costados para dicho propósito.

Pedro en bronce. Con ribiza y recámara extraíble. (Fuente: "Asociación de Investigación de Artillería Española", EEUU) (todoavante.es)

Pedro en bronce. Con rabiza y recámara extraíble. (Fuente: “Asociación de Investigación de Artillería Española”, EEUU) (todoavante.es)

El regular calibre de los pedreros de recámara es de tres y de dos libras de bala de hierro, y su carga de tres, y de dos onzas de pólvora, la cual se pone en el hueco de la recámara y sobre ella un taco de madera o de filástica apretado a golpe de maceta.

Después de cargada la pieza y asegurada la recámara en el pedrero con su cuña (como ya se ha dicho), se introduce la bala rasa o saquete de metralla con un taco encima  como el que se emplea con las demás piezas.

Para el uso de estos pedreros, es preciso un juego de utensilios compuesto de un botadorcillo y maceta de palo para la recámara, un atacador y una lanada para el ánima.

Posteriormente a estos pedreros recamarados se empiezan a fabricar otros enteros de bronce con calibres de dos, y de una libra de bala de hierro, y siendo estos prácticamente idénticos al resto de cañones con que se dota una embarcación (diferenciados de estos por su menor tamaño). A diferencia de los anteriores que se cargaban con el másculo estos ahora son de avancarga pero su servicio es el mismo, apoyándose también sobre una horquilla y un pinzote de hierro

Cañón pedrero.

Partes que componen un pedrero. (Imagen: Museo Naval de Madrid)

En la culata de los pedreros, sean enteros o de recámara extraíble, se les pone un mango de hierro, conocido también con el nombre de rabiza o rabera, por el cual se gobiernan para elevar, abatir y dirigir las punterías. Dicha rabiza la tienen fija los pedreros de recámara extraíble, porque se les pone en el acto de la fundición; pero a los enteros se les asegura después al cuello del cascabel.

–          Compendio de Artillería, para el Servicio de la Marina. 1754.

–          GARCÍA HURTADO, M.R.: La Armada Española en el siglo XVIII. Ciencia, hombres y barcos. Sílex Ediciones. Madrid, 2012.

–          GARCÍA –TORRALBA PÉREZ, E. La Artillería Naval Española en el siglo XVIII. Ministerio de Defensa. 2010.

–          O’SCANLAN, T.: Diccionario marítimo español. Museo Naval. Madrid, 1974.

–          PARKER, G.: La Revolución Militar. Innovación militar y apogeo de Occidente 1500- 1800. Alianza Editorial. Madrid, 2002.

 

¿Cómo se sacaba una bala que se atoraba en el ánima de un cañón?

En el fragor de la batalla, cuando dos navíos se encontraban y ponían al servicio de la causa su artillería, se producía un colosal rugir de sus cañones. Uno tras otro descargaban sobre el buque enemigo toda su potencia de fuego intentando causar el mayor número de daños posible al rival, pero en ciertos casos, algún cañón se silenciaba a consecuencia de una bala defectuosa, y por tanto se debían realizar una serie de maniobras para volver a poner en batería la pieza.

"Combate en Trafalgar" (Fuente: www.todoababor.com)

“Combate en Trafalgar” (Fuente: http://www.todoababor.com)

El Compendio de Artillería para la Marina, del año 1754, establecía que cuando la bala se atrancaba al introducirla por el ánima del cañón, no convenía forzarla a golpes de atacador, porque si la detención en el ánima era por estar la bola amelonada o contener aún el cordón de la turquesa, se haría más difícil su salida.

Conjunto de balas rasas en hierro y piedra (Fotografía del autor)

Conjunto de balas rasas elaboradas en hierro y piedra (Fotografía del autor)

Para dar solución al problema, indica el Compendio, se abocará la pieza, y dándole algunos golpes en la joya debería arrojar la bala. En el caso de que la pieza estuviera cargada y preparada para disparar, y esta se detuviera a causa de la cascarilla del herrumbre, o de tener mordida alguna filástica o  fibra del taco de pólvora, entonces sería conveniente darle algunos golpes de atacador, para que de esta forma perdiera su asiento, y abocando la pieza, como se ha dicho, con los golpes en la joya, debe salir sin dificultad, y para facilitar aún más su salida se procura deshacer con la cuchara la cascarilla del herrumbre.

Bala rasa (Fotografía del autor)

Bala rasa (Fotografía del autor)

Pero cuando ni de una forma ni de otra se conseguía realizar de forma satisfactoria la maniobra de extraer la bala, se le debía retirar la carga del fogón, echando bastante agua hasta que esta saliese clara, y dejando enjuagar algo el ánima, y a continuación, por el mismo fogón, se le introducía una pequeña cantidad de pólvora, y dándole fuego debería arrojar la bala, dejando así la pieza libre, y libre de otro cualquier embarazo.

Fuentes:

–          Compendio de Artillería para el servicio de Marina. 1754.