EN ALGÚN LUGAR FRENTE A LAS COSTAS DE SOMALIA

En algún lugar frente a las costas de Somalia, el buque anfibio de la Armada española “Galicia” patrulla las aguas en su lucha contra la piratería. Está integrado en la Fuerza Naval de la Unión Europea dentro de la “Operación Atalanta”. A bordo se encuentran 235 militares. Entre ellos hay  embarcados dos helicópteros  SH-3D “Sea King”, una unidad de infantería de Marina y un equipo de la Fuerza de Guerra Naval Especial.

Buque de Asalto Anfibio "Galicia"

Al buque llegan noticias de que un velero francés ha desaparecido en esas aguas. Se inicia una operación de búsqueda que confirma los peores presagios, un buque francés localiza la embarcación, no hay rastro de sus ocupantes pero sí abundantes manchas de sangre en su interior. Al parecer el hombre se habría resistido a los piratas y esos le asesinaron llevándose a su mujer.

Esquife de piratas somalies

Desde la Jefatura de la “Atalanta” se da la orden de búsqueda y al cabo de unas horas se localiza un esquife sospechoso. El  “Galicia” lanza un helicóptero para interceptarlo y prepara su equipo de Guerra Naval Especial. La embarcación lleva siete personas a bordo y la proa se encuentra cubierta con una lona; se les ordena detenerse pero continúan navegando a pesar de las advertencias. Una ráfaga de ametralladora dirigida a la proa del esquife hace reaccionar a sus ocupantes, que enarbola fusiles de asalto AK-47 y retiran la lona de la proa descubriendo a la mujer tumbada en su interior que amenazan con sus armas.

Helicóptero "Sea King" de la Armada española

Los militares españoles se retiran cumpliendo órdenes. El esquife con su rehén a bordo continúa hacia la costa somalí.

Los mandos de la “Atalanta” valoran la situación. Los antecedentes no son nada halagüeños, si la embarcación llega  a la costa no habrá nada que hacer. Se da la orden de abordaje. El equipo de Guerra Naval Especial, con un capitán al mando, exprime todos los caballos que le proporciona a su embarcación el motor fuera borda que los dirige hacia su objetivo saltando sobre las aguas del Índico, mientras tanto el “Sea King” intenta detener el esquife con disparos hacia su motor.

Zodiac de la Fuerza de Guerra Naval Especial

Ha anochecido, las condiciones del mar han empeorado, todo se mueve como un carrusel de feria pero el artillero del helicóptero hace blanco en la segunda ráfaga. La embarcación del equipo de Guerra Naval Especial ha llegado al esquife, se han preparado y entrenado infinidad de veces para situaciones de este tipo, pero ahora es real, tan real como que uno de los piratas apunta su AK a la rehén, que está aterrorizada, y los otros abren fuego contra los militares, casi a bocajarro.

Operativo de la Fuerza de Guerra Naval Especial

La respuesta es inmediata, un disparo por encima de la cabeza del que apunta a la rehén le hace desistir y levantar el arma; otro recibe un disparo en su propio fusil, que cae sobre la embarcación, los demás retroceden a la vez sobre la borda opuesta desequilibrando el esquife y volcándolo, la rehén cae al agua. El jefe del equipo no se lo piensa, salta de la embarcación y nada hacia ella antes de que se sumerja; la mujer exhausta se abraza al joven capitán como a su tabla de salvación. El militar se da cuenta entonces de que tiene encima todo su equipo: el casco, el chaleco antibalas, su pistola, el equipo de transmisiones, ¡20 kilos! de “equipaje”. Aun así logra alcanzar la embarcación y con la ayuda del resto del equipo pone a salvo a la rehén y detienen a los piratas.

Tirador de precisión de la Fuerza de Guerra Naval Especial

Todos se tocan el cuerpo, ninguno está herido. El “Galicia” los espera.

Misión cumplida

Factores que propician la disminución de los alcances en las piezas de artillería de mar usadas en la Edad Moderna

Todo el mundo conoce que la densidad del agua provoca una gran resistencia al movimiento y tránsito de las balas o cualquier otro cuerpo que la atraviese. Algo parecido sucede al atravesarse el aire atmosférico, aunque en menor medida a causa de la menor densidad de este fluido en relación con el agua.

Artillería naval del siglo XVIII

Los grados de calor y sequedad de la atmósfera varían frecuentemente, y en consecuencia deben alterarse los alcances de los tiros según aquellas diferencias. Por esta razón, si disparamos dos balas de idénticas características y con la misma pieza, observaremos que la disparada en un ambiente muy seco, excede en distancia a la que se dispara en un ambiente cargado de vapores como son los ambientes húmedos. Con arreglo a esto se observa que los tiros en la mar son más cortos a causa de la gran humedad del agua que se encuentra en el aire. Basándonos en estas razones podemos establecer que los tiros alcanzan menos distancia cuando está lloviendo que cuando hay niebla o el tiempo está nublado; asimismo que los tiros que se hacen de noche, no son tan largos como los que se hacen de día; y de día son de más alcance cuando el sol está más elevado sobre el horizonte. Diego Ufano justificaba (según su experiencia) que los disparos que se hacen desde un buque en la mar a un punto en tierra, solían ser más largos que los que se realizaban desde tierra a un bajel.

Lantern Slide - 18th Century. Royal Navy Gun Crew. 1790.

Lantern Slide – 18th Century. Royal Navy Gun Crew. 1790.

Todas estas dificultades se amplían a medida que las piezas disminuyen su calibre, así como que la disminución de alcances, en igualdad de calibres o diámetros de las balas, aumenta en relación a la menor densidad de estas últimas. Esto quiere decir que dos balas de igual diámetro, si una es de hierro y la otra de piedra o siendo la dos de hierro y una de ellas maciza y sólida y la otra hueca, la de piedra y la hueca alcanzarán menos que la sólida de hierro, con motivo de la resistencia al aire. Por consiguiente, si dos buques con piezas de idéntico calibre emplean balas de diferente densidad con cargas de pólvora proporcionales al peso de los proyectiles, resultará en primer lugar que las balas más pesadas conservarán mayor velocidad, dando estas en el bajel que arroja balas de menor densidad. En segundo lugar las balas más pesadas  llevan una mayor velocidad en el momento del impacto, por lo que al ser de mayor masa causarán un mayor efecto.

Artillero francés dando fuego a un cañón puesto en batería.

Artillero francés dando fuego a un cañón puesto en batería.

En este sentido la disminución de los alcances ocasionada por la resistencia del aire y sus diferentes grados de humedad y sequedad no se podían enmendar, los hombres que servían en las marinas de guerra del siglo XVIII podían reducir el calentamiento de las piezas, el excesivo diámetro del fogón u otras causas que contribuían a alcanzar un menor alcance. Debemos destacar que toda pieza muy recalentada disminuye sus alcances considerablemente a medida que se repiten los disparos. Para evitar este problema se tomaban medidas como reducir un poco la carga de pólvora o refrescar frecuentemente las ánimas y el cuerpo exterior de las piezas durante los disparos empleando agua fresca mezclada con vinagre  introduciéndola en el ánima gracias a la lanada o envolviendo la pieza exterior con paños, mantas o pellejos de carnero. En caso de grandes heleadas en la mar convenía preparar los cañones para hacer fuego y evitar que reventasen y conseguir mayor alcance. El procedimiento consistía en calentarlos antes disparando con poca pólvora una o dos veces.

 

 

 

Instrucción y técnica: el oficio de los artilleros de mar

El artillero naval en palabras del Capitán Simón López (Cabo de los artilleros de la Armada Real del Océano en 1705) es “un hombre práctico y experimentado en el Arte Militar de la Artillería”, y su aparición en España data de los mismos inicios del  uso de estas piezas a bordo de los bajeles. Las primeras noticias que se tienen de la utilización de la artillería embarcada se remontan al siglo XIV, fecha en la que una nave aragonesa, localizada en el puerto de Barcelona, disparó contra una escuadra castellana mandada por el Rey Pedro “el Cruel”, en la guerra conocida como la de los dos Pedros. Posteriormente la combinación de pólvora y hierro harían acto de presencia en acciones como la que llevó a cabo el Almirante castellano Ambrosio Bocanegra y sus naves para derrotar a una escuadra inglesa, allá por junio de 1372.

Asedio a un castillo durante la guerra de los Dos Pedros. Ilustración de la Crónica Troyana. Biblioteca del Escorial

Asedio a un castillo durante la guerra de los Dos Pedros. Ilustración de la Crónica Troyana. Biblioteca del Escorial

La rudimentaria artillería de fuego que se empleó en los siglos XIV y XV estaba formada principalmente por bombardas y piezas similares,  que eran manejadas por artilleros terrestres que se embarcaban cuando lo demandaba la ocasión. Estos hombres debían adaptar sus escasos conocimientos técnicos al manejo de unas frágiles y peligrosas piezas de artillería que se ubicaban en una plataforma inestable fuertemente influenciada, en todos los sentidos, por los efectos del mar, desde el movimiento que provocaba a la embarcación hasta en la humedad que afectaba a la pólvora y el viento que podía reducir o aumentar la potencia del disparo.

Esta situación de embarcar artilleros terrestres se mantuvo hasta finales del siglo XVI, época en la que la artillería había sufrido una serie de transformaciones y los conocimientos sobre su manejo, influidos por la ciencia y la técnica, habían mejorado cualitativamente. La Casa de Contratación de Sevilla, órgano regulador del comercio con América, dio un paso al frente a la hora de equipar los bajeles que iban rumbo al Nuevo Mundo. Además de suministrarles pertrechos, artillería, pólvora y municiones, se preocupó de dotarlos con personal cualificado que mejorase las capacidades defensivas de estas embarcaciones que transportaban valiosos cargamentos.

Cañón pedrero (FIRRUFINO, J.C. (1626): Platica manual y breve compendio de artillería)

Cañón pedrero
(FIRRUFINO, J.C. (1626): Platica manual y breve compendio de artillería)

 

En el año 1575 la Casa de Contratación fundó una Escuela en Sevilla en la que los futuros aspirantes a artilleros se formarían profesionalmente durante dos meses, adquiriendo gran cantidad de conocimientos que iban desde saber cómo y con qué materiales se fabricaban las piezas artilleras, hasta qué elementos formaban la pólvora o los procedimientos para realizar un disparo atendiendo a las condiciones de la mar.

Un año después, en 1576, se creó el cargo de Artillero Mayor, quien debía hacerse responsable no sólo de la escuela, sino también de la compra y prueba de la artillería y pólvora que se adquiría para las naves de la Carrera de Indias. Era tal la importancia de este centro, que se recomendó a Felipe II que en él se formasen también los artilleros de tierra para evitar así traerlos del extranjero. Fue en el siglo XVII cuando Felipe IV ordenó que esta Escuela pasase a ser dirigida por el Capitán General de Artillería.

Vista de la ciudad de Sevilla en el siglo XVI. Obra de Alonso Sánchez Coello.

Vista de la ciudad de Sevilla en el siglo XVI. Obra de Alonso Sánchez Coello.

El advenimiento de la Casa de Borbón en el siglo XVIII supuso un impulso a la Marina de guerra española. Las reformas instauradas por Felipe V volvieron a poner de renombre el oficio de artillero naval, profesional que ahora tenía que manejar unas piezas mucho más sofisticadas que las empleadas en las centurias pasadas. El reglamento de artillería promovido en el año 1728, diez años después del que se emitió para la artillería del Ejército, estableció el uso de los mismos cañones de hierro que se empleaban en Francia, es decir:  de a 4, 6, 8, 12,18, 24 y 36 libras de peso de bala rasa.

 

Si por algo se caracterizó este siglo fue por la irrupción del navío de línea, un buque creado única y exclusivamente para el combate, ya que basaba toda su potencia de fuego en las numerosas piezas de artillería que albergaba en sus diferentes puentes y que debían ser manejadas por personal perfectamente instruido para que la coordinación en el disparo fuese lo más precisa posible. Esta maniobra de entrenamiento permitía disponer de personal continuamente instruido.

Este adiestramiento se consiguió y potenció con la formación de las Brigadas de Artillería de Marina en 1717. Esta reciente organización, sumada a las nuevas formas de enseñanza donde a la parte teórica se unía una importante parte práctica con los cañones que debían manejar, desembocó en la obtención de artilleros altamente cualificados e instruidos.

A modo de colofón, la relevancia e instrucción del artillero naval desde que sustituye a los artilleros terrestres a bordo de los buques y se afianza como elemento primordial en los combates va en aumento. Es cierto que el abordaje sigue siendo la forma básica de combatir en la mar, pero esta importancia irá recayendo cada vez más en un personal altamente especializado y cualificado que tendrá que ser capaz de manejar con eficacia las piezas de artillería que se le asignen, así como de interpretar las condiciones climatológicas y saber en qué momento efectuar el disparo para que sea lo más certero posible, atendiendo a los movimientos y actos que realice el buque enemigo. Todo ello se conseguirá con una correcta formación académica e instrucción constante que garantizará la optimización de los recursos navales españoles en las numerosas campañas marítimas en las que tendrá que intervenir.

 

– Ponencia realizada por D. Juan Jesús Oliver Laso (Cátedra de Historia Naval)  en el I Congreso Internacional de Historia Militar (Burgos, 29 de abril de 2014).

Los orígenes de la Escuela de Artillería de Sevilla. Formación y adiestramiento

La primera noticia que se tiene a día de hoy del empleo de la Artillería a bordo de un buque se remonta al año 1.359. Fue una nave de la Corona de Aragón que se encontraba en el puerto de Barcelona la que hizo dos disparos contra una escuadra castellana mandada por el Rey Pedro “el Cruel”, dentro de la Guerra de los dos Pedros.

Las naves españolas que combatieron en La Rochela en 1.371 (dentro de la guerra de los 100 años) usaron artillería. También en el año 1.372, concretamente entre los días 23 y 24 de junio, una escuadra castellana comandada por el Almirante Ambrosio Bocanegra, derrotó a la inglesa liderada por Lord Pembroke. En esta batalla apareció el cañón como arma naval propiamente dicha.

Batalla de La Rochela.

Batalla naval de La Rochela

Las naos de la Marina de Aragón llevaban, a finales del siglo XIV e inicios del XV, de una a cuatro bombardas. La galera Real de Alfonso V (1.418), dos bombardas con diez proyectiles por pieza. En 1.566, la galera Real en que hizo su viaje a Nápoles el Rey Don Fernando, una bombarda, dos cerbatanas y un pasavolante.

Representación heráldica de Alfonso V de Aragón.

Representación heráldica de Alfonso V de Aragón.

Los que servían este tipo de piezas hasta mediados del siglo XVI eran artilleros de tierra, la gran mayoría extranjeros. Posteriormente pasaron a formarse a la Escuela de la Casa de Contratación de Sevilla, pero siempre era personal que nada tenía que ver con los marineros.

No hay constancia de que en el primer viaje que realizó Cristóbal Colón en 1.492 hubiese entre su dotación algún artillero, pero si se sabía que llevaban este tipo de piezas. El 12 de octubre Colón destacó en su diario de Navegación que “la carabela Pinta tiró una bombarda por señal de tierra y levantó bandera en el tope de su mástil”. A su vez al iniciar el viaje de regreso se sabe que dejó en el Fuerte de Navidad, fortaleza de nueva construcción, mucha artillería, pólvora y pertrechos.

Bombarda del siglo XV.

Bombarda del siglo XV. Fotografía del autor.

Durante el siglo XVI hace su aparición el bronce en la fabricación de artillería. Ahora estas piezas se empiezan a clasificar según el peso de su proyectil en libras y su longitud en calibres. También aumentan las expediciones a América, por lo que los peligros también se multiplican a consecuencia de la presencia de piratas y otros individuos. Se estableció por tanto el viaje en conserva  y la Casa de Contratación llevó a cabo otra serie de medidas para fomentar esa protección en los buques ante posibles ataques.

Másculo de bombarda. Fotografía del autor.

Másculo de bombarda. Fotografía del autor.

La Casa de Contratación empezó a suministrar a las naves artillería, pertrechos y personal para su manejo, pero no será hasta el año 1.575 cuando instaure una Escuela en Sevilla para formar artilleros cualificados. Un año después se creó el cargo de Artillero Mayor que debía encargarse de la Escuela, de la adquisición de artillería, pertrechos, pólvora y demás útiles. La duración del curso que recibía un alumno en este centro era de dos meses.

Vista de la ciudad de Sevilla en el siglo XVI. Obra de Alonso Sánchez Coello.

Vista de la ciudad de Sevilla en el siglo XVI. Obra de Alonso Sánchez Coello.

El éxito de la Escuela fue tal que en 1.577 se propuso al Rey que en ella se formasen no sólo los artilleros de mar, sino también los que se iban a destinar a los Ejércitos y Plazas, al objeto de tener mayor número de artilleros españoles y evitar traerlos del extranjero. En 1.607 se ordenó por Real Cédula que la jurisdicción de la Artillería pasase de la Casa de Contratación al Capitán General de la Artillería de España.

Galeón español abriendo fuego. Fotografía del autor. Palacio de don Álvaro de Bazán. (Viso del Marqués, Ciudad Real).

Galeón español abriendo fuego. Fotografía del autor. Palacio de don Álvaro de Bazán. (Viso del Marqués, Ciudad Real).

Fuentes:

–          ACEDO CERDA, M. (1967): Real Cuerpo de Artillería de la Armada. Madrid: Editorial Naval.

–          SALAZAR, L. M. (1888): Juicio crítico de la Marina Militar de España. Ferrol.

–          VIGODET Y GARNICA, C. (1847): Nueva Artillería Naval y de Costa. Madrid: Imprenta Corrales.

 

¿Cómo se enclava y desenclava un cañón?

Por enclavar un cañón, se entiende la acción que consistía en introducir a golpe de maza o martillo un clavo en el fogón. Esto permitía inutilizar las piezas al incomunicar esta zona donde se localizaba la pólvora con el interior del ánima.

Los cañones se solían enclavar por dos causas: la primera de ellas cuando se capturaba alguna pieza al enemigo y esta, por cualquier causa, no se podía transportar para beneficiarse de su uso, y por tanto se enclavaban para que el enemigo tampoco las pudiera usar si eran recuperadas. La segunda causa se daba cuando se debía abandonar algún puesto o embarcación con artillería que no pudiera ser retirada.

Ante la primera causa ya mencionada, para enclavar los cañones al enemigo, se llevan unos clavos largos de acero con redientes arponados, los cuales al introducirlos por el fogón de las piezas a fuertes golpes de martillo inutilizaba la pieza, y si el enemigo quería retirar este clavo tenía que abrir el fogón.

Fogón

Fogón de cañón (fotografía: armamentonaval.worpress.com)

El segundo respecto tiene dos objetos: el primero se produce si se abandona la artillería sin esperanza de recuperarla con brevedad. El segundo se da en lugares donde el enemigo no puede  actuar y posteriormente se consigan recuperar. En el primer caso se enclava con los calvos de acero, como se ha dicho; y en el segundo bastará introducirles por el fogón unos de hierro sin arpones para que embaracen un tiempo el uso de las piezas.

Si se tuvieran que abandonar rápidamente los cañones por cualquier causa, o no se tuviesen  clavos a mano para tal efecto, se procederá a quitar el taco a las balas, introducirlas por el ánima,  y  acuñarlas a través del fogón con las chavetas de las sobremuñoneras para que, si el enemigo le da fuego a los cañones, revienten las piezas.

Para desenclavar un cañón se corta primeramente la parte del clavo que sobresale de la pieza, dejando de esta forma una oquedad en el fogón a través de la cual se verterán unas gotas de vinagre de yema, o de agua fuerte, a fin de que se infiltren por las pequeñas cavidades que puedan existir entre el fogón y el clavo, favoreciendo de esta forma la eliminación de la herrumbre. A continuación se cargará la pieza con pólvora (tanto si el clavo se apoya o no en un taco de madera) y se dará fuego por la boca del cañón, y si tras realizar tres disparos no se produce ninguna reacción, será preciso mediante el empleo de fuego, destemplar el clavo para emplear sobre este un taladro. Si todas estas medidas fracasan, y como último remedio, se le abrirá otro fogón inmediato al enclavado para rehabilitar la pieza. En los cañones de bronce se puede hacer un grano a las piezas.

grano en una pieza de artillería de bronce

Grano incorporado a un cañón de bronce que tenía muy desgastado el fogón. (Fotografía: armamentonaval.worpress.com

Fuentes:

–          Compendio de Artillería, para el Servicio de la Marina. 1754.

–          GARCÍA –TORRALBA PÉREZ, E. La Artillería Naval Española en el siglo XVIII. Ministerio de Defensa. 2010.

Los pedreros de Marina

Cañón pedrero.

El pedrero de Marina es un pequeño cañón de bronce cuyo destino son las cofas o costados de los bajeles. Los que se han venido usando en la Gran Armada han sido los de recámara postiza, es decir, que la carga se realizaba por la culata mediante el empleo de un másculo, el cual se asegura con una cuña de hierro o madera a golpe de martillo al resto de la pieza.

Pedrero de 3 libras con pinzote de apoyo, horquilla y másculo independiente.

Pedrero de 3 libras con pinzote de apoyo, horquilla y másculo independiente.

Cada uno de estos pedreros tiene para su uso dos recámaras, lo cual permite disparar con una mientras se carga la otra, y así la capacidad de fuego se puede mantener con mayor  asiduidad que usando un solo másculo. Su servicio no es sobre cureña, sino sobre una horqueta u horquilla de hierro, que asegura el pedrero por los muñones, y de ella nace un perno que se conoce con el nombre de pinzote, el cual encaja en las groeras que tienen las cofas y costados para dicho propósito.

Pedro en bronce. Con ribiza y recámara extraíble. (Fuente: "Asociación de Investigación de Artillería Española", EEUU) (todoavante.es)

Pedro en bronce. Con rabiza y recámara extraíble. (Fuente: “Asociación de Investigación de Artillería Española”, EEUU) (todoavante.es)

El regular calibre de los pedreros de recámara es de tres y de dos libras de bala de hierro, y su carga de tres, y de dos onzas de pólvora, la cual se pone en el hueco de la recámara y sobre ella un taco de madera o de filástica apretado a golpe de maceta.

Después de cargada la pieza y asegurada la recámara en el pedrero con su cuña (como ya se ha dicho), se introduce la bala rasa o saquete de metralla con un taco encima  como el que se emplea con las demás piezas.

Para el uso de estos pedreros, es preciso un juego de utensilios compuesto de un botadorcillo y maceta de palo para la recámara, un atacador y una lanada para el ánima.

Posteriormente a estos pedreros recamarados se empiezan a fabricar otros enteros de bronce con calibres de dos, y de una libra de bala de hierro, y siendo estos prácticamente idénticos al resto de cañones con que se dota una embarcación (diferenciados de estos por su menor tamaño). A diferencia de los anteriores que se cargaban con el másculo estos ahora son de avancarga pero su servicio es el mismo, apoyándose también sobre una horquilla y un pinzote de hierro

Cañón pedrero.

Partes que componen un pedrero. (Imagen: Museo Naval de Madrid)

En la culata de los pedreros, sean enteros o de recámara extraíble, se les pone un mango de hierro, conocido también con el nombre de rabiza o rabera, por el cual se gobiernan para elevar, abatir y dirigir las punterías. Dicha rabiza la tienen fija los pedreros de recámara extraíble, porque se les pone en el acto de la fundición; pero a los enteros se les asegura después al cuello del cascabel.

–          Compendio de Artillería, para el Servicio de la Marina. 1754.

–          GARCÍA HURTADO, M.R.: La Armada Española en el siglo XVIII. Ciencia, hombres y barcos. Sílex Ediciones. Madrid, 2012.

–          GARCÍA –TORRALBA PÉREZ, E. La Artillería Naval Española en el siglo XVIII. Ministerio de Defensa. 2010.

–          O’SCANLAN, T.: Diccionario marítimo español. Museo Naval. Madrid, 1974.

–          PARKER, G.: La Revolución Militar. Innovación militar y apogeo de Occidente 1500- 1800. Alianza Editorial. Madrid, 2002.

 

¿Qué tipo de cureñas emplean los cañones de marina en el siglo XVIII?

El Compendio de Artillería para la Marina del año 1754 señala que las cureñas que se deben emplear son las de escaleta, porque ocupan en los navíos menos espacio que las de otra fábrica. Estas se componen de dos gualderas (solían ser tablones de roble), de un telerón, una solera, dos ejes y cuatro ruedas. Se guarnecen de cuatro pernos capuchinos o de chaveta; de dos pernos penetrantes, tres de atraviesa, dos de ojo, así como dos sobremuñoneras, cuatro chavetas, y cuatro sotrozos.

Cureña naval española (Álbum del Marqués de la Victoria)

Cureña naval española (Álbum del Marqués de la Victoria)

La máxima principal, para que la cureña esté bien construida, es que el centro de la muñonera sea perpendicular al centro del eje delantero, y que montado el cañón en ella, venga a caer la faja de la culata (cuando se abate) en el centro del eje trasero; porque de tener la muñonera adelantada haría la cureña embocar el cañón, levantándose de contera; y si la tuviera atrasada, no sería tan fácil de mover con los espeques, o pies de cabra. Si el centro del eje trasero no cayera donde golpea la culata del cañón, al poco tiempo estropearía la solera.

Pernos capuchinos y sobremuñonera (Álbum del Marqués de la Victoria)

Pernos capuchinos y sobremuñonera (Álbum del Marqués de la Victoria)

También es máxima para la perfección de la cureña de Marina, que la abertura de las gualderas por el frente, deje tasadamente espacio para que sin opresión se pueda embocar la boca de la pieza, ya que esta operación es frecuente en el servicio de la Artillería. A cada lado de la contera de la cureña se le hace una groera para los estrobos donde se enganchan los palanquines; y otra en cada gualdera, para el braguero.

Rueda, ejes y gualdera (Álbum del Marqués de la Victoria)

Rueda, ejes y gualdera (Álbum del Marqués de la Victoria)

Fuentes:

–          AAVV. Técnicas Bélicas del Mundo Moderno. Editorial Libsa. Madrid. 2012.

–          ARÁNTEGUI Y SANZ, J.: Apuntes históricos sobre La Artillería Española. Madrid. 1891

–          O’SCANLAN, T.: Diccionario marítimo español. Museo Naval. Madrid, 1974.

–          Compendio de Artillería para el servicio de Marina. 1754.

¿Cómo se sacaba una bala que se atoraba en el ánima de un cañón?

En el fragor de la batalla, cuando dos navíos se encontraban y ponían al servicio de la causa su artillería, se producía un colosal rugir de sus cañones. Uno tras otro descargaban sobre el buque enemigo toda su potencia de fuego intentando causar el mayor número de daños posible al rival, pero en ciertos casos, algún cañón se silenciaba a consecuencia de una bala defectuosa, y por tanto se debían realizar una serie de maniobras para volver a poner en batería la pieza.

"Combate en Trafalgar" (Fuente: www.todoababor.com)

“Combate en Trafalgar” (Fuente: http://www.todoababor.com)

El Compendio de Artillería para la Marina, del año 1754, establecía que cuando la bala se atrancaba al introducirla por el ánima del cañón, no convenía forzarla a golpes de atacador, porque si la detención en el ánima era por estar la bola amelonada o contener aún el cordón de la turquesa, se haría más difícil su salida.

Conjunto de balas rasas en hierro y piedra (Fotografía del autor)

Conjunto de balas rasas elaboradas en hierro y piedra (Fotografía del autor)

Para dar solución al problema, indica el Compendio, se abocará la pieza, y dándole algunos golpes en la joya debería arrojar la bala. En el caso de que la pieza estuviera cargada y preparada para disparar, y esta se detuviera a causa de la cascarilla del herrumbre, o de tener mordida alguna filástica o  fibra del taco de pólvora, entonces sería conveniente darle algunos golpes de atacador, para que de esta forma perdiera su asiento, y abocando la pieza, como se ha dicho, con los golpes en la joya, debe salir sin dificultad, y para facilitar aún más su salida se procura deshacer con la cuchara la cascarilla del herrumbre.

Bala rasa (Fotografía del autor)

Bala rasa (Fotografía del autor)

Pero cuando ni de una forma ni de otra se conseguía realizar de forma satisfactoria la maniobra de extraer la bala, se le debía retirar la carga del fogón, echando bastante agua hasta que esta saliese clara, y dejando enjuagar algo el ánima, y a continuación, por el mismo fogón, se le introducía una pequeña cantidad de pólvora, y dándole fuego debería arrojar la bala, dejando así la pieza libre, y libre de otro cualquier embarazo.

Fuentes:

–          Compendio de Artillería para el servicio de Marina. 1754.

EL REGLAMENTO DE PIEZAS DE ARTILLERÍA DE 1728

El rey Felipe V, tras su ascenso al trono de España, acometió una serie de reformas para mejorar la situación del país. Entre estas se encontraban las que atañían al Ejército y la Marina y que tenía por objetivo mejorar la capacidad bélica perdida, alzando de nuevo la capacidad de España al lugar que le correspondía para seguir manteniendo el vasto Imperio del que aún gozaba.

Felipe V

Felipe V

El Reglamento de piezas de 1728 se encuadra dentro de esas transformaciones. Tras acometer la reforma general de la artillería del Ejército en 1718, diez años después y siguiendo su estela, se llevó a cabo la naval.

En la reforma de 1728 se instauran las siete piezas que desde ese momento pasarán a ser las que use la Marina española a lo largo del siglo XVIII y parte del siglo XIX. Son las siguientes:

–          A 36

–          A 24

–          A 18

–          A 12

–          A 8

–          A 6

–          A 4

Se establecen estos calibres porque se siguen las indicaciones que se usaban en Francia, principalmente la Ordenanza y Reglamento de 1689. Esta adopción supone un cambio respecto a las piezas artilleras que se venían empleando en nuestro país.

Calibres establecidos por el Reglamento de 1728

Calibres establecidos por el Reglamento de 1728

Aunque no fue la única reglamentación de Artillería que se produjo, si fue la más importante, ya que las realizadas a posteriori  (Reglamentos de 1752, 1765 y 1783/1784) solían aludir a ciertos aspectos muy concretos.

Fuentes:

– GARCÍA –TORRALBA PÉREZ, E. La Artillería Naval Española en el siglo XVIII. Ministerio de Defensa. 2010.

–  REID, W. Historia de las Armas. Editorial Raices. Madrid. 1987.

–  AAVV. Técnicas Bélicas del Mundo Moderno. Editorial Libsa. Madrid. 2012.

Cañones obuseros y cañones recamarados

El cañón obusero suele ser más corto que el cañón normal e incluso más ancho; pero su principal diferencia respecto a este sigue siendo su recámara.

obús naval

El ánima del obús es diferente a la del cañón normal por una razón de propulsión del proyectil; el cañón normal usa una bala rasa, la cual debe salir con fuerza del cañón para causar gran destrozo en la borda o buque enemigo, por el contrario el obusero usa bombas, es decir, proyectiles que a diferencia de las balas rasas pesan mucho menos (por ejemplo 2kg de peso frente a los 10 kg o 20 kg de una bala rasa), por lo que su propulsión debe ser menor, lo cual se consigue con una menor cantidad de pólvora en su recámara, porque la bomba no destroza bordas o jarcias, sino que explota y produce deflagración en la cubierta enemiga.

Fotografía del autor

Cañón obusero localizado en la entrada del Arsenal de Cartagena (Fotografía del autor)

La munición que emplean los obuses son las granadas o las  bombas. Para asegurarse que la espoleta de esta bomba salía de forma correcta y sin rozar las paredes del cañón, la bomba se ajusta a una base de madera denominada salero.

bombas navales

Bombas navales en el Museo Naval de Cartagena (fotografía del autor)

El cañón recamarado a diferencia de los obuses navales dispara balas rasas, siendo esta su principal munición. Su semejanza respecto al obús radica en que ambos regulan la cantidad de pólvora que se va a emplear para dispara su bala a una distancia u otra. Los recamarados acortan su longitud, incrementando su calibre y ganando así en potencia de fuego sin aumentar su peso. Hay que tener muy claro que el peso es muy importante en un barco, por lo que reducir el de los cañones permite a la embarcación ganar en velocidad, o que pueda cargar más elementos a bordo.

Cañón recamarado. A= cartucho de pólvora. B= bala. C=salero o taco D= fogón

Cañón recamarado. A= cartucho de pólvora. B= bala. C=salero o taco D= fogón (www.todoababor.es)

Fuentes:

– GARCÍA –TORRALBA PÉREZ, E. La Artillería Naval Española en el siglo XVIII. Ministerio de Defensa. 2010.

–  REID, W. Historia de las Armas. Editorial Raices. Madrid. 1987.

–  AAVV. Técnicas Bélicas del Mundo Moderno. Editorial Libsa. Madrid. 2012.